‘Ruega por nosotras’: Daniel Monzón recupera una historia que España tardó demasiado en contar

Hay historias que forman parte de la memoria de un país y, sin embargo, durante demasiado tiempo permanecen fuera de ella. ‘Ruega por nosotras’, la nueva película de Daniel Monzón, se adentra precisamente en uno de esos lugares incómodos de la historia reciente de España: el Patronato de Protección a la Mujer, una institución vinculada a la dictadura franquista por la que pasaron miles de jóvenes consideradas, bajo los criterios morales de la época, mujeres que necesitaban ser «reeducadas».

La película llegará a los cines el 6 de noviembre, distribuida por Elastica, después de su paso por la Sección Oficial del Festival de San Sebastián en proyecciones especiales. Pero más allá de reconstruir unos hechos que durante décadas apenas ocuparon espacio en la conversación pública, la película plantea una cuestión que sigue siendo especialmente importante: qué hacemos hoy con la memoria de aquellas mujeres y, sobre todo, qué palabras utilizamos para hablar de ellas.

Una historia de mujeres a las que se castigó por no encajar

La historia comienza en Barcelona, en 1974. Ana tiene 19 años y procede de una familia acomodada. Para su entorno, su comportamiento es el de una joven rebelde, pero una fuga nocturna será suficiente para que su padre tome una decisión que cambiará completamente su vida: enviarla a Madrid, donde será internada en una institución del Patronato.

Lo que encuentra allí está muy lejos de cualquier idea de protección. El régimen disciplinario, la vigilancia y la violencia forman parte de un sistema diseñado para imponer una determinada concepción de lo que debía ser una mujer. Fumar, rebelarse, manifestarse, desafiar la autoridad o quedarse embarazada fuera del matrimonio podían convertirse en motivos suficientes para que una joven fuera considerada «inmoral».

Dentro de ese espacio aparece Sole, una chica de enorme vitalidad que se convierte en uno de los principales apoyos de Ana. La amistad entre ambas introduce una dimensión fundamental en la película: frente a una estructura construida para controlar y aislar, las protagonistas encuentran en las otras una forma de resistencia. Ruega por nosotras es, por tanto, una historia sobre la violencia, pero también sobre los vínculos que permiten sobrevivir a ella.

Zoe Bonafonte: poner rostro a una memoria que todavía incomoda

Zoe Bonafonte, que ya ha destacado en películas como El 47 y El secreto del orfebre, se pone al frente de esta historia junto a la debutante Manuela Calle. Para la actriz, interpretar a una mujer que pasa por el Patronato tiene una responsabilidad que va más allá del trabajo interpretativo: se trata de contribuir a que aquellas experiencias puedan ser conocidas sin convertir a sus protagonistas en una etiqueta.

En la entrevista que mantuvimos con Zoe, la actriz incidía precisamente en una idea que merece quedarse en el centro de la conversación. Para ella, sería importante que después de ver Ruega por nosotras no solo exista una mayor conciencia sobre lo que ocurrió, sino que deje de ser un tabú haber sido una mujer del Patronato.

La diferencia puede parecer pequeña, pero no lo es. Durante años, muchas de aquellas mujeres tuvieron que cargar no solo con lo que habían vivido dentro de esas instituciones, sino también con el silencio posterior. Hablar de ellas únicamente como víctimas puede volver a encerrarlas en una categoría; devolverles su historia, sus nombres, sus decisiones y su dignidad permite mirarlas de otra manera.

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Cuando supe que Ruega por nosotras iba a convertirse en película, me hizo especial ilusión. Mi trabajo final de Bachillerato fue precisamente una pequeña novela de ficción inspirada en mujeres que pasaron por centros del Patronato de Protección a la Mujer y varios. Por eso, ver ahora esta realidad trasladada a la gran pantalla tiene para mí un significado personal. La película, dirigida por Daniel Monzón y basada en el libro de Consuelo García del Cid, recupera la historia de las jóvenes que fueron internadas en estas instituciones durante el franquismo y aborda una realidad que durante demasiado tiempo permaneció en silencio. Creo que acercar estas historias al público, y especialmente a las generaciones más jóvenes, es necesario. No solo para conocer nuestro pasado, sino para comprender hasta qué punto la represión ejercida sobre estas mujeres formó parte de una sociedad que decidió controlar sus vidas, sus cuerpos y su libertad. Desde que conocí el proyecto, he querido contribuir, desde mi pequeño espacio en redes, a que Ruega por nosotras llegue lo más lejos posible. Porque hay películas que entretienen y otras que, además, recuperan una memoria que merece ser escuchada. Hoy os dejo mi conversación con Zoe Bonafonte, que interpreta a Ana, una joven de 19 años cuya historia nos introduce en el universo del Patronato. Ojalá esta película consiga que muchas más personas conozcan estas historias. 🖤🎬 #RuegaPorNosotras #ZoeBonafonte #DanielMonzón #CineEspañol #MemoriaHistórica

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Consuelo García del Cid, una voz imprescindible

El título de la película procede de uno de los ensayos escritos por Consuelo García del Cid, víctima del Patronato y una de las figuras fundamentales en la investigación y divulgación de esta realidad. Su trabajo contribuyó a sacar a la luz una historia que durante mucho tiempo permaneció prácticamente escondida.

La película parte de una amplia documentación que incluye investigaciones académicas, archivos, libros, documentales y, especialmente, testimonios de mujeres que pasaron por el Patronato. Ese trabajo de reconstrucción resulta fundamental porque Ruega por nosotras no pretende presentar aquellos años como una simple recreación de época, sino acercarse a una experiencia que fue real para miles de mujeres.

Y quizá ahí se encuentre una de las mayores dificultades de una película así: mostrar el horror sin convertirlo en espectáculo. Monzón parece apostar por acompañar a sus protagonistas y dejar que el espectador descubra progresivamente las reglas de ese mundo. La violencia no aparece como un acontecimiento aislado, sino como algo instalado en la estructura cotidiana de la institución.

Una España que también se reconoce en sus silencios

La película está ambientada entre 1974 y 1979, un periodo de enormes transformaciones sociales y políticas en España. Es también una época en la que convivían dos países distintos: el que empezaba a cambiar y el que todavía mantenía intactas muchas de las estructuras y códigos morales heredados de la dictadura.

Ese contraste puede resultar especialmente potente en pantalla. Mientras fuera de las instituciones la sociedad empieza a transformarse, dentro de ellas determinadas mujeres continúan sometidas a normas que parecen pertenecer a otro tiempo. La película encuentra así un conflicto que no necesita grandes discursos: basta con colocar a una joven frente a un sistema que considera peligrosa su propia libertad.

La ambientación también permite recuperar una España muy concreta, reconocible en los espacios, los uniformes, los interiores y la vida cotidiana. Pero la película no parece utilizar el pasado como una postal. Lo importante no es recrear los años setenta por nostalgia, sino recordar que detrás de aquellos escenarios existieron vidas que fueron condicionadas por decisiones tomadas en nombre de una determinada idea de moralidad.

El cine como una forma de devolver una historia

Con Ruega por nosotras, Daniel Monzón vuelve a trabajar junto a Jorge Guerricaechevarría, su colaborador habitual en títulos como Celda 211, El Niño o Las leyes de la frontera. En esta ocasión, ambos se enfrentan a una historia especialmente delicada y marcada por una dimensión social que obliga a mirar hacia un pasado que todavía tiene consecuencias en el presente.

El reparto está encabezado por Zoe Bonafonte y Manuela Calle y cuenta también con intérpretes como Adelfa Calvo, Malena Gutiérrez, María Cerezuela, Belén Cruz, Xavi Sáez y Bea Segura, entre otros. El peso femenino del elenco no es un elemento accesorio, sino parte esencial de una historia construida alrededor de las experiencias de aquellas jóvenes.

La película se ha rodado entre Vizcaya y Barcelona y cuenta con un equipo técnico en el que participan colaboradores habituales de Monzón, como Balter Gallart en el diseño de producción, Vinyet Escobar en el vestuario, Carles Gusi en la dirección de fotografía, Roque Baños en la música y Mapa Pastor en el montaje.

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